El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente....Sal. 91:1
....Pues a sus angeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. Sal. 91:11
Como cualquier día me levanté rápidamente, pues tenía que ir a matricular a mis hijos, pasamos como siempre la carretera a Los Chorros, donde dicho sea de paso todos los días hay accidentes, desde muy leves, hasta mortales; me fui pensando en llegar a la hora indicada, haciendo cuentas de lo que iba a pagar, sin imaginarme que en cualquier momento el carro podía tomar dirección donde el quisiera, pero gracias al Señor en su bondad y amor no lo permitió.
Llegué al colegio y el vigilante me dijo que me estacionara afuera, fue lo que hice y creo firmemente que mi divino Espíritu Santo le susurró al oído, pues ya estacionada cambio de opinión, abrió el portón y me dijo que mejor entrara al colegio, cuando encendí el carro y quise darle vuelta al timón este comenzó a girar, a girar y a girar y las llantas no respondían, pensé que era algo relacionado a la dirección y ya no pude mover el carro, el Señor es tan maravilloso que hasta permitió que me parqueara. Luego llame a mi esposo y el llamó a la grúa, le conté al motorista lo que pasó y el asombrado me dijo: Que raro que en el momento que se estacionó se le arruino, pues si pasa esto un minuto antes o al salir del colegio, al venir por esa carretera quien sabe a donde estuviera!
Cuando llegamos al taller de mis hermanos en Cristo ellos se asombraron y dijeron que era un milagro verdaderamente de protección, pues al quitar el timón nos llevamos la sorpresa que estaba desgastado el fresado que encaja con el eje central que une el timón con la dirección del vehiculo. Quizás esto venia arruinándose desde hace días y el Señor solo esperó el momento apropiado para que lo ultimo que estaba bueno terminara de quebrarse hasta el preciso momento que nos estacionamos frente al Colegio. Como digo al inicio, como iba yo a pensar que esa podía ser la ultima mañana de mi vida, la de mis hijos la de mi madre, pues ellos me acompañaban. Creo que una de las razones que doy gracias al Señor por vivir un poco lejos es por que este hecho me hace habitar al abrigo de Altísimo cada vez que salgo de mi casa y pensar que tengo que pasar por esta carretera, al subir al carro elevo mi oración pidiendo protección al Señor y estoy segura que en el momento el manda a sus ángeles a que guarden mi camino.....
Maritza de Vega
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