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SAN SALVADOR - 05 Sep 2010 / 12:27 am

Testimonios


En una clase de Escuela Dominical
 
Cuando tenia 8 años de edad, me diagnosticaron una enfermedad que hasta ese momento era muy poco común, se conocía como “Púrpura”, precisamente porque una de sus características era que en el cuerpo (excepto la cara) se presentaban unas manchas de color morado; era un problema en la sangre que atacaba órganos principales del cuerpo, como los pulmones, hígado, espina dorsal, etc.

Soy la mayor de 4 hijos; con unos padres muy amorosos, pero que ese tiempo no tenían una relación con Dios, únicamente sabían que era preciso ir todos los domingos a misa, lo cual hacían con mucha devoción debido a que mi mamá sí era una mujer muy espiritual y fue educada bajo esa disciplina.

Por sugerencia de mi abuelo paterno, mis estudios los inicié en un colegio en donde se imparte la fe cristiana evangélica, y por supuesto la mayoría de mis compañeritos y compañeritas asistían a una iglesia cristiana. Una de mis mejores amiguitas de primer grado, me invitaba constantemente a su iglesia, me contaba casi todos los lunes sobre las lecciones de escuela dominical de un día anterior. No lo recuerdo muy bien, pero gracias a Dios empecé a ir con mi amiga los domingos a la Escuela Dominical… que lugar tan bonito!!! Parte de las lecciones que aprendí fue la de un paralítico de nacimiento que tuvo un encuentro con Jesús, y fue sano; lo recuerdo muy bien.

Cuando estaba en los momentos mas críticos de mi enfermedad, ya que los doctores habían sugerido a mis papas que no tenía caso que gastaran tanto dinero en mi, porque ya me quedaba muy poco tiempo de vida; recuerdo que estaba en mi cama, sin poder caminar ya, porque la enfermedad había atacado ya mi espina dorsal; me acorde de mi amiga de colegio y le pedí a mi mamá que la llamara y que llegaran a la casa.

Fue algo único, una lección de Escuela Dominica hecha realidad en mi vida casi 2000 años después. Recuerdo muy bien la oración: “Padre sé que por tu sangre preciosa derramada en la cruz, ahora yo puedo ser sana, y ahora, en este momento yo me declaro sana para tu gloria”. Fue como si algo me impulso fuera de mi cama; pero lo mas lindo de todo fue que no argumente nada, no me sorprendí, no lloré de emoción…. Fue un momento que ya lo había vivido en la Escuela Dominical, solamente que ahora me tocaba a mi recibir ese milagro, se estaba desarrollando en mi vida la FE.

A través de una lección de Escuela Dominical, aprendí a tener FE; y hoy, después de 24 años, asisto a la iglesia junto con toda mi familia, y tengo la oportunidad de ser como esos maestros de Escuela Dominical, que en su momento me enseñaron una de las lecciones mas lindas que jamás he aprendido, y es saber que tengo a un amigo, padre, compañero, proveedor y medico, y su nombre es Jesús.

Lorena Guillen. Iglesia Torre Fuerte.




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