Las dolorosas muertes de cinco estudiantes de una escuela en Pensylvania, ha despertado, una vez más, las conciencias de los estadounidenses ante la horrorosa realidad de la violencia descontrolada que padece la nación entera y que ha afectado particularmente a las escuelas. El fenómeno se intensifica tanto que en el mes de octubre aquél fue el tercer tiroteo que se produce en un mes.
Craig Scott, hermano de Rachel, una de las niñas asesinadas en la célebre escuela Columbine, en 1999, ha dedicado estos últimos siete años a estudiar este fenómeno de la violencia escolar y ante lo acontecido en Pensylvania dijo: "La juventud reclama algo significativo en qué apoyarse, en qué creer. Invito a maestros, directores de escuelas, superintendentes escolares y educadores a que no sólo enseñen al intelecto sino también al corazón"
La petición de Scott es a todas luces positiva y urgente, pero en la práctica resultará muy difícil llevarla a cabo cuando el sistema escolar ha abandonado el corazón de los estudiantes. Hablar del corazón es sin duda, hablar de valores familiares, morales y religiosos y todos estos aspectos de la vida humana son por hoy, anatema, en el proyecto escolar moderno. No se puede hablar al corazón sin hablar de moral y no se puede hablar de moral sin establecer una mínima diferencia entre lo bueno y lo malo. Pero en la brillante moral de este siglo luminoso lo malo ya no tiene cabida, todo es bueno.
Un ejemplo de esta realidad: esta semana se decide en el estado de California la aprobación de una ley que autorizaría a las adolescentes a practicarse un aborto sin que tengan que saberlo sus padres. Quienes defienden la propuesta afirman que solamente buscan evitar que padres enfurecidos castiguen despiadadamente a sus hijas embarazadas en la adolescencia o que vayan y se practiquen un aborto a escondidas y en clínicas que no ofrecen las garantías mínimas para llevar a cabo el procedimiento abortivo. Justificada o no, la medida pone en manos de niñas la decisión de practicarse un aborto sin que sean capaces de calcular el impacto físico, social y espiritual, que tal evento traerá a sus vidas.
Sin embargo, los educadores no quieren cuestionar el trasfondo moral de la medida, mucho menos su realidad espiritual, nunca asumirán una posición personal en contra de tal medida. Dios ha sido expulsado de las escuelas públicas en los Estados Unidos desde hace ya varios años y ahora se pagan las consecuencias. Es precisamente en las grandes crisis de la vida cuando el ser humano busca a Dios, pero para los adolescentes de hoy en las escuelas estadounidenses Dios no está disponible, hace años lo echaron de allí.
El llamado de Craig Scott nace sin duda, de un corazón que probó la amarga experiencia de sentirse desolado por la muerte violenta de su hermana y seguramente se dio cuenta de que hay algo más importantes que el cuerpo y las cosas: el corazón. Para enseñar al corazón hay que hablar el lenguaje del corazón y dicho lenguaje no se expresa en términos científicos y académicos, más bien, se manifiesta en términos de fe, tradiciones, familia y sociedad. ¿Aceptará el sistema escolar el desafío de hacerlo? |