Un diputado de la Asamblea Legislativa, le mostró el dedo medio al Señor Presidente de la República de El Salvador, cuando éste se encontraba rindiendo el informe de su gestión, en el aniversario del segundo año de su gobierno. Las fotografías y cámaras de televisión mostraban el momento mismo de tal acción, que generaron un repudio casi general. Ante la presión, el diputado aceptó disculparse, pero en otro gesto igualmente desatinado, pidió perdón al sujeto equivocado, “al pueblo salvadoreño”, cuando a quien debió pedirlo es al ciudadano presidente.
Los partidos contrarios al que pertenece el diputado, vieron una oportunidad de hacer resaltar su malcriadeza y amenazaron sancionarlo. Cosa curiosa, la sanción se limitó únicamente a un llamado de atención que le hizo el presidente del congreso y la suspensión de un viaje al exterior. Hasta allí llegó todo. ¿La razón?, Dicen por allí que los diputados del partido de izquierda amenazaron con hacer público videos comprometedores de situaciones vergonzosas, embarazosas o comprometedoras, en las que captaron a otros diputados. Sin proponérselo, hicieron efectivo el desafío que el Señor Jesús les hizo a quienes querían apedrear a la mujer sorprendida en adulterio, “El que esté libre de pecado, tire la primera piedra”. O en buen salvadoreño, “unos a otros se tienen la cola pateada”.
A la fecha, de vez en cuando se hace alusión al ahora bautizado como “el diputado patán”. Pero ¿será únicamente uno entre ochenta y cuatro diputados, el que con su conducta merece este mote?
Según el diccionario, patán es toda persona ”grosera, tosca en sus modales o falta de tacto en su comportamiento” .
Si nos ceñimos a ésta definición, entonces no solamente estamos hablando de un diputado patán sino de varios. ¿No es una falta de tacto en su comportamiento el que un diputado borracho haya baleado a un policía? ¿No fue una declaración tosca acerca de las mujeres la que otro congresista hizo? ¿No son patanes aquellos “padres de la patria” denunciados como padres irresponsables que no cumplen con la cuota alimenticia para sus hijos? Y qué decir de otros tantos groseros de quienes tras bambalinas se dice que golpean a sus mujeres? ¿No es una falta de tacto, el no declarar a tiempo el patrimonio como corresponde a todo aquel electo para un cargo popular? Aunque éstos últimos no tengan nada que esconder, hacen parecer acciones normales (como por ejemplo, un olvido o la cultura de posponer) como malas. Eso es ser falto de tacto.
Si éste es el comportamiento de algunos “padres de la patria”, ¿qué ejemplo le están dando a los “hijos”? Es necesario que la Asamblea Legislativa eche a andar un comité de ética conformado por miembros fuera de los partidos representados. Esto, unido a la decisión de transmitir en vivo las plenarias, cambiará poco a poco la imagen que el pueblo tiene de los diputados, y obligará a éstos a medir sus palabras, sus gestos, sus acciones y sus decisiones, sabiendo que están de cara al pueblo quien se convertirá en su máximo fiscalizador. |