Aunque no digamos que estamos preocupados, muchas veces es evidente. Sea por la cara que ponemos, el ceño fruncido; sea por que nos comemos las uñas o por lo demacrados que nos vemos por causa de dormir, o posiblemente por causa de no comer por falta de apetito o por el contrario comer demasiado. Lo cierto es que muchas veces no podemos ocultar nuestra preocupación. Ahora bien, con todas estas reacciones físicas, vale la pena que nos hagamos otras preguntas:
¿Vale la pena preocuparnos tanto?
Si el problema tiene solución ¿por qué preocuparnos? y si no la tiene, ¿para qué preocuparnos?
¿Ha llegado a su vida alguna preocupación?
¿Qué es lo que le preocupa?
¿Qué tan frecuentemente se preocupa?
Lo que no hemos entendido es que la preocupación no nos ayuda en nada, pero sí contribuye a dañarnos a nosotros mismos y dañar a otros.Estar con una persona lastimera a veces desespera.Recuerdo una empleada que tuvimos, todo el día y cada día se quejaba; es más, creo que no exagero si digo que cada hora expresaba preocupación.
Algo que usted tiene que comprender es que preocuparse no quita la angustia, pero si quita sus fuerzas para luchar.
Filipenses 4:6 “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.”
Parece ser que el preocuparse es algo innato en el ser humano, el problema es cuando no podemos lidiar con ella.
Vamos a estudiar el ejemplo de una mujer en la Biblia que se preocupaba innecesariamente: Marta
1. Marta, equivocadamente le reclamó al Señor por que aparentemente no le importaba su preocupación. Vers. 40 “Señor, ¿no te da cuidado...?” “¿No te preocupa nada...? Así también actuamos nosotros, damos por sentado que a Dios no le importan nuestras preocupaciones. Entonces, al igual que Marta, le reclamamos. La preocupación nos puede conducir a pensar que no le importamos a Dios.
2.Marta le reclamó al Señor por la irresponsabilidad de María “...que mi hermana me deje servir sola?” ¿”...que mi hermana me deje sola con todo el trabajo?” Marta le echa la culpa de sus preocupaciones a su hermana; la acusa de irresponsable. Marta quería que María actuara como ella quería; al no ver que su hermana se movía, le acusó de irresponsable. La preocupación nos puede conducir a fijarnos y criticar las faltas de los demás. Entonces, parte del afán, la ansiedad y la preocupación, pecamos por juzgar a otros.
3.Marta, por su preocupación no disfrutó la presencia de Jesús. A veces, creemos pensamos que solamente a nosotros nos toca resolver los problemas, que estamos solos, pero no es cierto, Marta estaba en la presencia de Jesús, pero su afán le impedía disfrutar de su presencia.
4.Marta le dijo a Jesús cómo tenía que resolver el problema. No pensó; su preocupación era demasiada como para pensar que el Señor tenía la solución. Así que le dio al Señor una orden: “Dile, pues, que me ayude.”
“Yo estoy trabajando duro y ella allí sentada, sin hacer nada. ¡Ordénale que se levante y me ayude!” Ese es uno de los problemas de las preocupaciones, le pedimos al Señor que nos ayude, pero le decimos a la vez cómo queremos que nos resuelva el problema. No debemos confiarnos en creer que nosotros tenemos una mejor solución que Dios. Confiemos en que El nos dará la mejor respuesta.
5.Marta había desarrollado la mala actitud de la preocupación. Vers. 41 “Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas...” De las palabras del Señor deducimos que no solamente era la preocupación de ver que María no le ayudaba, sino muchas otras.
Una preocupación lleva a otra. Nos volvemos “alcanzativos”, nos comenzamos a imaginar cosas que no han sucedido.
Si es un problema en el trabajo, nos preocupamos acerca de cómo resolverlo, pero también nos preocupa el pensar qué va a pasar si no lo resolvemos. Eso no nos dejará pensar con cordura. Ya nos vemos despedidos del trabajo, con problemas de renta, de alimento, etc. etc. ¡y todavía no ha pasado nada!
6.La fuente de la preocupación de Marta: Sus prioridades equivocadas. Vers. 42 “Una sola cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” La “mejor parte” era estar a los pies del Maestro, disfrutar de su presencia.
Conclusión: Ciertamente, usted enfrenta problemas que le causan preocupación, pero no deje que ésta le domine. Antes, busque estar en la presencia de Dios; El le consolará, le aconsejará, le dirá que hacer y le dará la confianza necesaria para que usted no se adelante a hechos negativos que le preocupen más.
Iglesia Torre Fuerte de las Asambleas de Dios
Lomas de San Francisco, 3ª Etapa, Av. 3 #12 San Salvador, El Salvador.
Telefono (503) 2273-5279 – Fax (503) 2208-1984
E-mail: info@ministeriostorrefuerte.org
Design & Web Development powered by Naranja Azul ®