Lectura Bíblica: Mateo 5:6; Salmo 37:4; Juan 10:10
La cuarta Bienaventuranza habla acerca de tener hambre y sed de justicia, y llegó como una bofetada al rostro de los oyentes de Jesús. Entendían lo que era el hambre física; muchos eran agricultores y sabían que si llegaba la sequía o la cosecha era mala, enfrentaban largos días de hambre. El que Jesús dijera que tener hambre y sed era un estado de bendición definitivamente los agarró desprevenidos.
Abraham Maslow decía que la gente debe llenar sus necesidades fisiológicas antes de moverse a las sociales o de autoestima. Pero Jesús le da vuelta al concepto de Maslow. Le dice a estos obreros y jornaleros, “No se preocupen de lo que comerán o beberán; busquen primero el reino de Dios.” Y a eso le suma, “Bienaventurados aquellos que tiene hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.”
Todo apunta a que necesidades siempre habrán, pero sería mejor que confiáramos a Dios todas las necesidades y nos dedicáramos a desarrollar madurez espiritual. De hecho, para la gente de los tiempos de Jesús, la pobreza fue su aliado espiritual; el que no tuvieran abundancia material, algo que los atara al mundo, les permitía apuntar a una mejor eternidad; la gente deseaba estar bien con Dios y llenar su vida con bendiciones de un reino espiritual. Ese tipo de llenura está disponible para todos. La justicia de la que Jesús habla es la de una persona que tiene pasión por la honradez, integridad y rectitud.
La vida se fundamenta en el afecto. Vamos en busca de aquellas cosas que nos hacen sentir bien. Si es comida, sexo, dinero o el éxito en el amor, nuestras vidas se mueven en esas direcciones. Así que es crítico que los jóvenes cultivemos correctos deseos, un deseo por la honradez, integridad y rectitud.
Cultivando Buenos Deseos
1. LA META DEL DESEO. Dios quiere que alimentemos y cultivemos un deseo espiritual, un hambre por la justicia. La justicia tiene hambre de conocer a Dios plenamente y estar totalmente relacionado con Él. Ese debe ser el fin principal de nuestros deseos, justicia, que se refleja en obediencia y correcto vivir.
2. LA GRATIFICACIÓN DEL DESEO. El Salmo 37:4 nos dice que nos debemos deleitar en Dios, y que entonces Él nos va a conceder las peticiones de nuestro corazón. Juan 10:10 nos dice que Jesús nos ha venido a dar vidas de abundancia. Mateo 5:6 promete que aquellos que tienen hambre y sed justicia serán saciados. Dios quiere llenar nuestros deseos siempre y cuando sean para Él.
Esa es la verdadera clave de la satisfacción. Si nuestro afecto se basa en las cosas del mundo, vamos a encontrar placer incompleto. Pero Dios promete que los deseos puestos por Él siempre saciarán. Al grado que si deseamos a Dios, lo alcanzamos. Entre más deseamos su amor y sabiduría y presencia, más de eso nos da. ¿Pero cómo se cultiva ese tipo de deseo por justicia?
3. EL GÉNESIS DEL DESEO. Primero, resiste el atractivo de otras cosas. Para poder desear a Dios debemos dejar a un lado las cosas que sofocan ese deseo. Por eso es que el ayuno –de cualquier cosa que nos ata como comida, TV, música, etc.- es una disciplina crucial. Nos genera hambre por lo bueno. El segundo paso es redirigir los deseos hacia Dios. Para llenar el hambre debemos cubrirla con la Biblia, adoración, música positiva, servicio y actos de amor. Debemos llenar nuestras vidas con cosas nuevas, reemplazar lo viejo con lo nuevo para descubrir la satisfacción que la justicia trae. ¿Qué es aquello que vas a dejar a un lado que te va a ayudar a desear las cosas de Dios?
No podemos esperar generar los cambios por nosotros mismos, pero Dios sí puede. El Espíritu de Dios transforma el corazón helado en un uno que arde de pasión por Dios. Y si no tenemos hambre y sed de justicia es señal de que no hemos rendido nuestro ser por completo a Dios.
Iglesia Torre Fuerte de las Asambleas de Dios
Lomas de San Francisco, 3ª Etapa, Av. 3 #12 San Salvador, El Salvador.
Telefono (503) 2273-5279 – Fax (503) 2208-1984
E-mail: info@ministeriostorrefuerte.org
Design & Web Development powered by Naranja Azul ®